Todos tenemos un gran defecto; el mío: QUERERTE.
Así, con mayúsculas, que resalte y lastime la vista.
Uno puede elegir a los amigos, la playera que se pondrá en domingo, qué helado probar; pero jamás podrá elegirse a quién amar, a quién suspirarle en los silencios, con la luz prendida o apagada; en la acera de enfrente o en la banca del parque, en ésa donde paso largos ratos a solas, extrañando la compañía de a lado.
Hace tiempo, me perdoné ese defecto, aunque para muchos no tenga síntomas ni solución; algunos optimistas hippies me regalaron aspirinas para el dolor, otros sádicos me recomendaron sacarme el corazón y botarlo en el primer desagüe que encontrara.
Eso sonaba tan alentador, que me paré justo a la orilla de un puente, abrí mis alas al viento y cerré los ojos. Pero lo único que conseguí fue abrir los ojos y bajar los brazos, dar un paso hacia atrás y seguir mi camino; tomar un trago y tirarme en mi cama, esperando que el día por seguir sea más benigno.
Pero los asuntos pendientes regresan en sueños, apenas perceptibles. Cuando uno está herido, se está más atento a los detalles, al dolor interno, al torbellino que ahoga la respiración y gritamos mudamente para no despertar a los demás.
El que invente y financie el 911 para los locos enamorados rotos, se hará millonario a las pocas horas de hacerlo. Sin dar terapia, sólo oyendo las rimas que fluyen sin problema; o enjugando el llanto que no puede viajar por la línea telefónica...
Porque de todos, no hacemos uno... es pararte en el frente y saber que sólo te queda un instante y al otro quedar muerto. Mientras en la mente, llevé un QUERERTE con mayúsculas que me lastimen la vista y el corazón; seguiré con mis muchos defectos, QUERIÉNDOTE.
Y de todos tus defectos... recuerdo ninguno.
25 de marzo de 2009
Y de todos, ninguno.
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17 de marzo de 2009
El viaje psicodélico.
Hace tiempo acudí a un curso de creación y diseño literario; como pocas veces, me encantó hacer mi tarea e incluso excedía mi producción. Uno de los objetivos era crear un concepto y desarrollarlo conforme el curso avanzara. Me decidí por tomar a María Félix como parte de mi concepto, creando pequeños diálogos con una asistente ficticia que resultaba muchos años más joven que ella, adicta a la cafeína y a sus modales del alto refinamiento.
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Otra vez, me había retrasado en la cita, maldición! Me esperaba otra de esas frases que suele decir cuando saca su lado cínico, que sabe que por momentos no tengo mayor recurso que aceptarla y sólo esperar a que me indique con su dedo índice el lugar que quiere que ocupe…
Y así fue, la frase que me aplicó ese día fue:
-Me voy acostumbrando que en esta vida sólo dos cosas llegan a tiempo… la muerte y yo!
Bueno, ni siquiera pude reclamar, para qué? Al final del día creo que he desarrollado ese gusto por su lado instintivamente soberbio.
Esta vez, había elegido una mesa al aire libre, cosa que me pareció extraña, pues mencionaba que sus carísimas cremas eran extraordinarias pero siempre dudaba de su efectividad, así que ese día quería ponerlas a prueba, así que sólo cargo sus lentes, esos de marca que no faltan en el guardarropa de toda mujer viajada hasta la médula… y ella era una de esas.
Me quedé mirándola por un rato, entre el ruido de los carros, las voces piteras que mezclan frases en inglés (hello, nice, cool), ella en su pose de estatua de sal mirando hacia el sol, volteó a verme y me dijo en su característico tono burgués:
-Me he aburrido de estas tonterías, no me voy a pasar otros cinco minutos en esta pérdida de tiempo… yo tengo demasiado que ofrecer como para desperdiciar el tiempo en estas ‘gatadas’.
Le propuse que platicáramos de algo que le resultase ‘raro’, me miró de un modo inquisidor y respondió:
-¡No! De joterías tampoco quiero hablar, esas locas que caminan por la calle quieren adquirir mi estilo y eso es deprimente, ¿Acaso no tienen otros modelos a seguir?
Entonces yo con mi cara de estúpida por lo que acababa de oír, le dije de un modo un poco más comprensivo:
-Señora, me refería a hablar de algo que no sucede frecuentemente -odio ese modo de hablar con ella, tan estúpidamente educada- algo así como una experiencia sobrenatural...
Volvió a mirarme del mismo modo antes usado y pensé que me iría a pendejear, como era su sagrada costumbre con todo el mundo, pero se quito los lentes de marca (¡Súper nice!), se acomodó en la silla de bejuco, aspiró profundamente, meditó por unos instantes y con sus acostumbrados ademanes de dandy inglés de principios de siglo (claro, esos también eran unos jotos, aunque no sé si ese dato lo supiera) y empezó su relato:
Estaba yo ahí, sola, porque hay veces en que es mejor estar sola, miraba fijamente, así como al horizonte, de pronto como que escuché a lo lejos una melodía, pensé que era música clásica pero no… no correspondía a Mozart o Chopin. Porque conozco de sobra esa clase de música, no me pudo dar el lujo de ignorarla, yo con la amplia cultura que poseo, no puedo darme ese lujo, pero esa música no era del todo mala.
De pronto, todo se torno en colores muy vivos, yo me dije que estuviera tranquila, que no pasaba nada, pensé por un momento que era la maldita presión, pero no… alcance a sentarme en un sillón decente que había por ahí, ni modo, hay veces en que no se puede elegir y tuve que sentarme en un sillón corriente… pero la visión esa seguía transcurriendo, de pronto empezaba a tomar formas muy raras, pensé que algo raro pasaba cuando me di cuenta de que todo iba en coordinación, perfectamente coordinado, la música seguía pero mi atención se centraba en las imágenes que mi mente no lograba procesar del todo, había un sonsonete a lo lejos, no era desagradable, era hipnótico…
De pronto, tomé conciencia de mí y grité para que eso parara: ¿Quién es el infeliz hijo de puta que quiere volverme loca?
Ni modo, hay veces que una tiene que decirlo de esa forma para que se entiendan las cosas, porque no hay sinónimos que indiquen lo que uno quiere decir… en ese instante, todo estuvo a oscuras, sin ruido ni nada alrededor, aspiré profundamente y me volví a sentar; de pronto alguien apareció y me dijo que si me encontraba bien, por supuesto le menté la madre. ¿Acaso mi cara no le respondía esa pregunta tan idiota?
Salí de ahí con todo el garbo que puedo poseer y les grité en su cara que nunca volvería a pisar ese tugurio de mala muerte; después en mi casa (lujosísima) medité sobre lo ocurrido y de momento, sólo por un momento pensé que quizás fui objeto de una abdución… me imagino que sabrás que significa eso, aunque no creo en los extraterrestres, pero lo ocurrido no correspondía a mis patrones lógicos.
En ese momento, tomó un sorbo al delicioso café oaxaqueño que había pedido, me miró indicando que el relato había terminado y volvió a ponerse sus lentes y tomar esa pose que solo ella puede tomar.
Mi celular sonó justo en ese instante, me preguntó que qué era eso que sonaba, le expliqué que era el timbre musical que le puse a mi teléfono móvil (aún no comprendía el concepto de celular, menos de tono), extrañada me dijo, claro sin perder la pose:
-Así sonaba esa música, quién es? Seguro un genio como Mozart o Chopin
Yo solo sonreí y le dije:
-Es Mozart en una de sus últimas creaciones
Ella complacida tomó la pequeña taza con delicadeza afrancesada y siguió mirando al horizonte cerrando ese episodio ‘raro’…
Claro, no podía decirle que era: Stairway to heaven, capaz que me abofetea en plena calle burguesa y yo sin poderle rebatir, a veces es mejor darle la razón.
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Las notas de una grouppie extraviada.
Lo estuve pensando mejor y hoy por la mañana, cuando desperté al lado de quién sabe quién, me dije a mí misma que esto era el límite.
Osea, la party estuvo de pelos y la bebida de lujo, hasta la maryjane que me dio Dusty estuvo genial, de miedo; pero debo poner mis prioridades en orden, no puedo darme el lujo de andar con cualquiera, osea, yo ya estoy en otro nivel.
Así que querido diario, me he propuesto ser una chica de onda y tener claro el objetivo de mi vida, bien me lo decía Penny Lane: “Nosotras somos ese deseo en las niñitas que nos ven pasar, nuestra especie no se mezcla”.
Por eso, quiero hacer una lista de cualidades de mi príncipe azul con onda:
1. Me enfocaré en rockers con una banda real, porque osea! ¿Cómo se le puede ocurrir a un imbécil llamar a su banda como Aerosmith? La verdad no sé que le ví a ese Steven, ahora extraño tanto a Jimmy, ése si tiene una banda de miedo.
2. Que toque música que me haga vibrar, tonadas intensas; mira que ya no quiero saber nada de ese tipejo de Grandfunk, esa no es mi onda.
3. Que me escriba una canción… pero nada que ver con Layla, osea, me vomita Patti, no sé que le vió a ese maniquí de George, obvio que Clapton es la onda.
4. Nada que ver con Led Zepellin ni Deep Purple, no quiero terminar como Dusty, llorando por Ian y soportando la misma plática de Robert, ¡qué fastidio de tipo!
5. Aún estoy pensando en si quiero que tenga la mata larga y que use vaqueros… mentira! Claro que sí lo quiero así.
6. Tengo que ir pensando en que voy a hacer con las pinches grouppies que se les quiera acercar; porque yo debo ser la única musa de su inspiración.
Bueno querido diario, tengo que ir por unos Alka Seltzer para Dusty que está vomitando y llorando, otra vez por Ian.
Jersey
Rock makes me high.
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8 de marzo de 2009
La mirada hacia atrás.

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contenido: perfume sádico, relato a la orden
6 de marzo de 2009
Una dulce estocada con olor ajeno.
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19 de febrero de 2009
Señales de humo.
-No
-¿Quieres saber mi nombre?
-No
-¿Quieres que te haga compañía o no?
-No
Ahí iba la cuarta de la noche, la pelirroja de la barra, a la cual ignoré desde un principio pero era la más linda en apariencia, aunque su voz era nasal, tan insoportable que a la primera pregunta, la quise correr.
Yo sólo quería tomar en paz mi trago, mi whisky en las rocas. El que llevaba un largo rato en mi mano, mientras yo miraba a la nada. No había sido un día bueno… nada bueno, hasta que acabé aquí, en un bar donde abundan esos escuincles que se emborrachan con cerveza barata. Uno puede deducir en un bar quien lleva dinero en la bolsa: por el trago; los más pudientes y a decir de las mujeres, los que valen la pena, son los que traen una copa en la mano; si es un jaibol, sólo tomará de una a dos, eso significa: dinero limitado; copa coctelera: con dinero suficiente para pasarla bien; vaso old fashion: trae buena cantidad de dinero, incluso como para invitar un par de tragos; los martinies los consideran algo fuera de moda para un hombre, lucen mejor en una mujer, porque su mano se ve tan estética, tan fina, que llega al punto enfermo de que si un hombre trae uno queriendo parecer James Bond, inmediatamente es considerado gay. Al último, vienen los que traen cerveza; esos sólo obtendrán un teléfono erróneo, sólo es por esa noche… a menos que sea una cerveza de lujo.
Así funciona el mundo, las mujeres son igual… todo mundo manda señales que sólo captan los que las quieren captar: mirada insistente pero casual, roce de mano con el cabello, risa en voz alta, sonrisa coqueta y una que otra mirada furtiva, es naturalmente un coqueteo; lo sé porque toda la noche lo he visto, una tras otra. Lo malo, es que su naturaleza les busca siempre a fijarse en el peor de los prospectos. Su selección hormonal va más encaminada a los hombres con personalidad difícil; los tímidos, los callados, los pretenciosos siempre son relegados; buscan el toque salvaje y aventurero para poder adoptar el papel de inocentes y actuar como las indefensas y con eso elevar nuestro ego.
Se ven inocentes pero en el fondo, aplican muchos trucos para provocar que actuemos según su gusto… son tremendamente crueles, saben dar golpes muy bajos sin previo aviso. Últimamente, prefiero enfrentarme a una turba de hombres enojados que a una mujer, nunca se sabe dónde, cómo y cuál será su golpe.
Un beso, una mirada, una palabra basta para aniquilar. Por eso prefiero los golpes, porque esos se ven a simple vista, dejan marcas visibles, sabes donde fue el golpe; sabes cuando sanó, cuando desapareció la herida.
El whisky me gusta, sabe fuerte, deja un aroma por la garganta que lejos de molestar, te calienta conforme baja por el esófago. Pareciera que la describiera, tal cual pasa con ella. Por eso precisamente, caí en este lugar. En otra circunstancia, me habría comido más de una boca urgida, de manosear cuerpos de una sola noche. Pero no es así. Todo me ha cambiado.
Maldita la hora en que la vi, en que la seguí, en que la acorralé y la besé sin permiso, en que sentí su mano en mi entrepierna y me endurecí; sólo me bastó mirarla a los ojos para ya no dejarla esa y las demás noches.
No es mi estilo ser fiel, no creo que lo sea; pero por hoy, me haré el desentendido, no lo he probado antes. No es que me agrade, no es que me incomode, sólo que no me reconozco así, tan decidido a hacerlo aunque sea por hoy.
¿Será que es una prueba que ella me puso? Porque no me di cuenta en qué momento ocurrió o de cómo me vino a la mente hacerlo, no recuerdo si fue una apuesta, una orden o una petición. A veces siento que me hace actuar como ella quiere, lo peor es que no pongo resistencia ni sé cómo lo hace o en qué momento accedo, es el enemigo a vencer.
Ya casi cierran, mi vaso está tibio, hay poca gente, hay pocos borrachos que sacar a patadas. La pelirroja limpia la barra mirándome con cierto desdén, puedo olfatear su disgusto e indiferencia dura y áspera hacia mí. Me mira de reojo con desprecio, ninguna mujer tolera el desprecio, la indiferencia y no lo oculta. He mirado sus pechos unas veces, pero no puedo sentir más allá que simple curiosidad para admitir que tiene bonitas tetas, pero no más.
Me tomó el último trago y me largo, hace frío pero tengo calor. La pelirroja sale detrás de mí casi corriendo. Me vigila y en su ademán de indiferencia aún me desprecia, aún me humilla en su mente y actúa de modo concienzudo, a tal grado que me hace detenerme y voltear.
-Casi lo logras
-Te gané esta vez
-Casi
-No te creo, te vi cuando las otras chicas se acercaron
-Sólo ponía atención
-Estas pruebas son estúpidas
-Entonces, ¿Por qué las aceptas?
Ni me molesto en contestarle, porque sé que sabe la respuesta.
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contenido: perfume sádico, relato a la orden
4 de febrero de 2009
Perdigando carmín.
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25 de enero de 2009
Lecciones de lástima para novatos
De momento, miré mi vieja contestadora y su molesto bip que entrecorta los mensajes, aún parece que la gente no se acostumbra a esos cachivaches modernos y la mayoría no deja mensaje, así que después me dejan a mí la friega de preguntar quién chingados llamó, o que demonios quería. Aunque reconocí la antepenúltima, era la que menos quería escuchar; para que me lamento o torturo, mejor me dejo emborrachar nuevamente.
Pasé más de 5 horas dormido desde mi último trago, tengo una perra hambre y ya es de noche; no tengo ni la más remota y estúpida idea de qué hora es, pero por el silencio que reina debe ser de madrugada. La televisión quedó pasmada en esa nueva moda de comerciales donde contratan patiños modernos y ridículos que aplauden y exclaman como idiotas ante ‘inventos’ para hacer a la gente más floja e inútil… más de lo que ya es.
Ya busqué por todo el departamento y ni pizca de comida apta para consumo, ya no importa si humano o de otra índole; mi dinero ha desaparecido o lo he guardado en el mejor escondite que se me pudo ocurrir porque no encuentro ni madres y no pienso volver a pedir fiado, no porque no quiera, sino porque ya me dijeron que ni un mugre chicle me darán hasta que no pague lo que debo; lo haría, si tuviera la más remota idea de cuánto debo.
Hace una semana que me largué de ese cuchitril de cubículo nazi que tenía por espacio de trabajo, irónicamente extraño a la pequeña pirujita de la secretaria del Godínez mierda que tenía por jefe, cuando se me acercaba a hablarme de joterías de feng shui, ¿cómo si yo carajos supiera qué madre es eso? Extraño la jeta del Godínez ojete cuando llegaba tarde, aunque el ojete no tenía ni que decirme, porque el muy ojete ojete llegaba tarde y oliendo a colonia barata y pirata, puede que el Godínez ojete hubiese sido el único que no distinguía su putrefacto aroma a mercado de quinta o décima, de un jabón de baño usado con regularidad. Sé de buena fuente que ese ojete y la pirujilla resbala-nalgas eran clientes frecuentes del hotelucho hediondo y piojoso que está a 10 minutos del trabajo, y confío en mi fuente porque la mentada fuente era yo. Cuando ví el circo que el ojete y la pirujilla montaban al entrar al hotelucho de quinta, cuando regresaba de hacer unos pagos al banco, me escondí tras un árbol, como si yo fuese un investigador de película de ficheras y observé como el Godínez ojete, le agarraba una nalga y con una sonrisa perturbadora le veía las chichis a la pirujilla, saboreándosela antes de tenerla piernas arriba y sin ropa.
Hasta me dio asco, de sólo imaginarme lo que pasaría dentro, quise vomitar, a sabiendas de que me gusta eso del porno crudo, esto rebasaba mis propios límites. Pero aunque el asco me embargara, sabía que tenía en la manga una carta fuerte y con grandes alcances. Así que mi regreso al cuchitril laboral estuvo envuelto de una especie de tragicomedia en la cual al Romeo Godínez se le caían los pantalones al saber que yo sabía de su muy romántica y sexual aventura con la Julieta secre pirujilla, así que debería pensar en mi precio al callar tan trágica y cruel verdad.
La verdad, también me daba lástima la secre pirujilla, pues yo sé de antemano que la secre es una madre soltera, de nalgas fáciles y urgida de dinero; en el fondo, pienso que eso de tener al Godínez ojete embistiéndola con fuerza ruda y babeándole todos sus recovecos, manoseándole cual albañil al póster de la vieja en cueros, no le resultaba tan agradable, pienso que más bien todo lo contrario.
Ahora, entendía de sus vacaciones, de sus días de descanso y de los múltiples retardos de la que era beneficiaria… y si ella los tenía, yo también podía; el Godínez ojete dirá.
Pero yo no contaba con que el destino es crudo e injusto con algunos, esta vez me tocó a mí; mierda y más mierda. En cambio, con el Godínez ojete no fue así, hasta la secre pirujilla tuvo su parte, aunque también fue mala jugada para ella. Ahora tendrá que hacer el oficio de manera más pública y comercial, dudo que con las referencias que ya tiene, encuentre trabajo rápidamente; pero fue enteramente su culpa, eso de cojerse a Godínez no fue a fuerzas y menos repetirlo.
En una semana, he caído muy bajo; tomar alcohol desde que amanece hasta que anochece, no he comido nada saludable desde que el Godínez ojete me despidió, tenía la firme creencia de que odiaba el cuchitril laboral, que me castraban los estúpidos del trabajo, pero los extraño, hasta el hediondo olor del baño extraño. Extraño el salir hasta las altas horas de la madrugada del trabajo, los pedidos extra – extra urgentes del Godínez ojete y sus solicitudes estúpidas de última hora. Extraño al pinche Godínez ojete; incluso Superman extraña a Lex Luthor para seguir teniendo motivación de seguir luchando, el Hombre Araña extraña al Duende Verde o al Dr. Octopus, sin ellos no hubiesen pensado en hacer películas. Todo héroe necesita un némesis.
Botella, ¿quieres ser mi archienemigo? Así esto tendrá algo de irónico y te combato a chupadas, eso ningún superhéroe lo hace, haríamos historia. Seríamos una especie de Dr. Jeckill & Mr. Hyde. Siempre quise ser Mr. Hyde.
Nadie pone en la historia que los chantajes no son buena inversión, no puedo creer que el Godínez ojete y su vieja culo aguado fueran más inteligentes que yo y aún peor, quedar bien ante la sociedad…
Botella, mejor ahórcame, córtame la garganta, total, de aquí al lunes nadie preguntará por mí, mi madre quizás llamé algo intrigada, pero siempre que oye la contestadora, cuelga despavorida antes de dejar un mensaje. El olor a muerto, se hará más fuerte al día siguiente y la vecina llamará a la policía por la pestilencia y así será mi última aparición en público.
Pero eso no es deplorable, ni deprimente. Eso es nada comparado con lo que el Godínez ojete hará. Yo simplemente fui un objeto de avaricia en su trama previamente diseñada y claro, la secre pirujilla ahora desempleada solo fue la incubadora. Eso, eso si es deplorable, deprimente y cruel.
Después de todo, no es tan mala persona, aunque fui el detonador de toda su calamidad; pero no había forma de que yo supiera lo que el Godínez ojete traía entre manos, él y su mujer cuerpo de vaca ranchera. Ni en la televisión pude haber visto, historia más cruel, deprimente y aterradora. Porque de algo si estoy seguro, tengo miedo, miedo de animales como el Godínez ojete, de su mujer cuerpo de vaca, de los Arellano Félix, de Fidel Castro, de Pinochet, de personas como yo que buscan la carroña en la desgracia de los demás… como lo fue con la secre pirujilla, que ahora que lo pienso, es la María Magdalena de esta historia, y yo el Judas que la vendió o más bien, que le trajo la desgracia a su vida; el colmo sería que el Godínez ojete fuera Jesús, aunque eso explicaría porque el mundo esta como está. Así mi desgracia tomó dimensiones bíblicas y eso ya me deprimió. El Godínez ojete no merece tanta distinción.
Pero mi avaricia, mi carroña y mi baja complacencia son lo que realmente me motivan seriamente a darme mi último minuto de vida. Y el modo menos elegante y valiente de irme es dejando una carta cobarde donde ponga que me suicido por voluntad propia, porque me lo merezco y porque le desgracié la vida a una secre pirujilla que en el fondo no es tan mala y que lo hizo por amor maternal; carajo, eso me hace aún más miserable.
Botella amiga, sería mejor que te partieras por la mitad y que una de esas mitades se encajará en la garganta godinezojetesca y le dieras muerte a ese infeliz y la otra mitad fuera directamente al culo de su mujer y la desangraras hasta que ya no tuviera vida. Ya no siento culpa de desearle la muerte a ese par de miserables; pero no me salva de mi propia lástima, eso es caer al abismo. Cuando alguien llega a sentir lástima de sí mismo, ya esta muerto.
Hasta hace una semana, pude recordar el nombre de la secre: Paloma. Lamento lo que pasó, hemosa Paloma, me he cagado sobre tu cabeza, tu cuerpo limpio de culpa, tú que solo actuaste por amor de madre, yo por miserable, por comodidad, porque no tenía nada que perder. Ahora no tengo nada, ni la más ínfima posibilidad de ser un insecto o larva en este mundo. Te deseo que tengas la fuerza para salir adelante y con justa razón, te vengues de ese par de miserables insectos. Yo te apoyo, pero ya no tengo fuerzas ni para respirar porque hasta el oxígeno me mata, no lo merezco, no merezco ni la luz del sol que se cuela por la cortina.
¿Cuánto debo tomar para quedar sin vida? O mejor aún, debo morir de hambre, de sed, de pena, de lástima; huelo a orines rancios, a culpa innegable, a estiércol, arrogancia y soberbia. Huelo a Godínez ojete, al honorable Godínez ojete.
Ojalá viniera Paloma, toda inocente, toda pena, toda enojo, ira y rencor, me encañonara y diera por fin muerte a mi existencia penosa. Pero ya no debe ser el destino más cruel con ella.
¿Que será ahora de ella? Que será ahora de ella después de que yo fui directamente a la farmacia más cercana, compré una cámara fotográfica desechable y les tomé fotos después de su visita al hotelucho, fotos en las cuales se distingue su cara de rabia, asco, dolor y pena. De sentir su cuerpo manoseado por ese marrano y regresar al cuchitril laboral como si nada. Después de que como un maldito hijo de puta, corrí hasta la oficina del Godínez ojete y le aventara a la cara las fotos y le exigiera un precio a mi silencio, beneficios extra y una que otra bonificación por la información que había recabado en esos momentos.
¿Cuál sería la cara de Paloma, después de enterarme que le había ahorrado el trabajo sucio y de pagarle a un muerto de hambre para que sacara pruebas de que ella no podía ser una madre responsable y que ante un tribunal de lo familiar le quitara la patria potestad, dejando indefensa a su hija y claro, con lo bastardo que es el padre, por unos cuantos centavos, el bastardo le cedería la tutela de la nena? ¿Qué cara tendría yo al enterarme del nombre de la nena? Carola… a la que hasta ese momento, le desgracié la existencia.
Lo que pasó después, lo que posiblemente pasará con esa nena en las manos y tutela del Godínez ojete y su inmunda esposa, son fundamento más que necesario para negarme todo tipo de enmienda y compasión; aún ahí parado ante tal mierda de humano, con mis ojos desorbitados por todo eso que mis oídos captaban, por las imágenes que pasaban ante mis ojos… Carola y Paloma son unas santas, ¿Qué demonios hice?
Ningún Dios griego, romano, antiguo, moderno, efímero, crucificado; incluso el Diablo, podrían alegar algo en mi favor; crucé esa línea entre mi avaricia, soberbia y humanidad, al vender para mi beneficio la dignidad y lo más preciado de Paloma. Peor aún, he vendido el alma de Carola a tales buitres malditos, un futuro mutilado y su alma, su gran inocencia. Tal vez, una bala o un filo portentoso sean mucho para mí… ah! Una botella atravesada en plena garganta; pero será una del alcohol más hediondo y barato que pudiese hallar.
Soy tan inmundo que ni un pinche intento por acabar con esto se ha cumplido… ya me repetí hasta el cansancio que no valgo ni madres, que soy peor que mierda, pero no tan mierda como ese Godínez ojete hediondo, inmundo, hijo de puta.
Paloma… sólo de pronunciar y pensar su nombre me hace más vil, no puedo ni respirar, mi autocomplacencia es enferma que repetir el mismo discurso otra vez me da náuseas. Y nada que pueda hacer para reparar un poco del daño que he provocado.
Carola… pobre Carola, maldito sea yo…
Y sólo tú, botella infame, eres lo único que tengo ahora en este mundo, lo único que merezco, la muerte a estas alturas incluso se da el lujo de despreciarme.
perpetrado por Malayerba Dárgelos 2 buzón de quejas
contenido: perfume sádico, relato a la orden
15 de enero de 2009
Palabras sucias
perpetrado por Malayerba Dárgelos 2 buzón de quejas
contenido: perfume sex on fire, relato a la orden
2 de enero de 2009
Adicción sádica
Me daba pena, para qué voy a negarlo. Esa pinta de niña buena, no me queda. Las mejillas no se me sonrojan por lo inocente, sino porque mi mente viajó más rápido que la luz y sólo lo vi aparecer en el sitio pactado y ya mi cuerpo estaba estremecido.
No hablaré de mis piernas y mis senos porque esas imágenes se las saben de sobra y volverlas a describir, es mera terquedad. Su silueta no era impresionante, pero me impresionaba; era una de esas visiones que solo le pasan a la chica de a lado, la que se sienta delante de tu pupitre y es la que recibe los papelitos de pseudos Romeos imberbes del colegio (y que apenas les salen tres pelos en la cola y se sienten galanes de telenovela barata); a la que usa los tacones, viste falda y el pelo se le mueve como seda en el viento, incluso piensas que la mocosa con imagen de perfecta candidata a la estatuilla de la Madre Teresa de Calcuta, podría tener más posibilidades que tú.
No es una posición de baja autoestima, aunque el panorama indique esa dirección; no, simplemente que cuando una sabe que no es del estilo “quiero ser Britney Spears por 5 minutos” y más bien le tendemos a la de la prima de la amiga del cuñado del tío del cuate de la mamá de quien sabe que monigote (o en otras palabras: igual y ni se acuerdan de tu nombre pero recuerdan que te vieron quien sabe dónde), tenemos presente que pocas veces ‘alguien’ con la pinta de este personaje, es raro ver su nombre figurar en nuestra agenda, celular o círculo de amigos; seamos honestos, pocas veces nos vemos inmiscuidos en ese selectísimo y elitista grupillo de “nos ven sin que lo queramos” y que cuando pasa, simplemente no sabes que hacer.
En este punto, todo suena como guión trilladísimo de programa juvenil pueril que alguna vez nos pasamos viendo, cual penitencia cumplida por empezar a descubrir que las masturbaciones (femeninas y masculinas) son un placer a escondidas y nos pasábamos platicando y poniendo al tanto al día siguiente en el colegio; seguro seríamos la chica o chico nuevo del pueblo, a la usanza de pantalones aguados y playera verde perico con la leyenda de perdedor o promocionando algún aparatejo ferretero, que manejamos un cachivache de hojalata deformada color oxidado y que siempre, sin faltar a tal principio, estaba la chica con imagen perfecta o el clásico atleta guapísimo y súper moderno, dos escalones menos del nombramiento de deidad juvenil, que nos robaban el aliento (era condición que aún sin caer en la categoría de hetero u homosexual, suspirábamos ante el caminar y meneo de ambos especimenes y eso era indispensable para que lo demás, en cierto punto, tuviera una justificante para que todo alrededor existiera, incluso nosotros) y nos hicieran sufrir porque en la vida (¡EN LA VIDA!) se fijarían en nosotros… a menos que un prestigiadísimo y famosísimo grupo de diseñadores de imagen, patrocinadores vanguardistas, un vehículo de moda color rojo ‘te veo a 3 kilómetros’, la trama a punto de clímax y una audiencia hambrienta de problemas siempre conocidos pero muy dramáticos, nos convirtieran en la Cenicienta o Romeo Montesco que aparece en el baile de graduación y por lo general es elegido como: LA REINA o EL REY del baile (no sé de dónde sacamos que en todas las escuelas dignas, debe tener un baile con un tema que siempre terminaba más meloso que Titanic) y el aspirante a deidad griega, romana o popular se enamore perdidamente de nosotros y obvio, con un muy, muy feliz final (éste por cierto, se entendía que rayaba en lo ridículamente inmaculado y perfectamente objetivo para cualquier mortal que tenía que conformarse con solo ser extra en tan emotivo acontecimiento).
Bueno, a ese nivel me encontraba en ese preciso instante… y cual comedia juvenil pueril, yo era la Cenicienta de este guión.
Y él, el casi deidad estaba a punto de tomarme por la cintura y plantarme un beso de ensueño y decirme con su melodiosa voz:
-“¡Hola hermosa!”
-Acompáñame a recoger un libro
-Hooola! ¿Cómo estás? Yo bien y tú? ¡Hay que rico beso!- claro, mi mirada estupefacta al instante.
El beso fue casi obligado y el idílico episodio sólo se quedó en episodio.
Pero ni él ni yo tenemos la culpa de que se crea que todo pudiera ser como en las comedias de televisión. No me quedó más que acompañarlo hasta donde le dio la gana; habló como siempre de él, que si él esto que si él lo otro, que si fulano que si sutano, dando como entendido que yo sabía a quien se refería.
Tampoco es que yo espere una casi relación perfecta, porque ese no es mi estilo; incluso la líbido pudiera tener la culpa, porque no puedo dejar de mirarlo, de tocarlo y de desear fervientemente hacerlo mío una y otra vez, constantemente, impúdicamente, donde fuera.
Tampoco, tiene la culpa la madre naturaleza, porque lo hizo justo como siempre lo hubiese deseado, de los pies a la cabeza; aunque hay ciertos detalles que tendría que tratar con el fabricante.
Puedo hasta pasar por alto aquello de que hay un roto para un caliente (premisa siempre peligrosa pero cierta)… nada en ese momento podría ni justificar ni explicar el por qué me muero por estar con él.
Pero allá yo, que ya sé de antemano cómo terminará todo esto; eso es lo seguro, se que terminaré dolida, llorando amargamente pero ahí estaba yo, incluso soportando este tipo de situaciones que sólo yo y quizás mi amiga de años sabemos reconocer antes de que pasen. El colmo es que se qué pasará y me vale un comino; para terminar rápido, ahí estaba yo.
Y me ha dado por ser sádica, creo (claro que después de que Tarantino nos presentó esa peculiar definición para sadismo, yo estoy en pañales y en términos prácticos: soy una mojigata), porque incluso me doy cuenta de sus cuentos, de sus mentiras, de sus historias de vaqueros, de su mitomanía; cree que me las creo sin pestañear, el muy pobrecito! Hasta ternura me da, sólo me pregunto si yo también me daré ternura cuando me encuentre al lado del teléfono, llorando cual novia de pueblo dejada ante el altar (pero aún no pienso llegar al altar…); ahí estoy yo, oyendo todas y cada una de esas enmarañadas historias, sin interrumpir, sin decir una sola palabra y mirándolo fijamente, clavando mis pupilas en sus ojos que no me sostienen la mirada, en sus labios que humedece sádicamente cada que se percata de mi ojos perdidos en ellos, en los ademanes que hace con las manos para hacer aún más evidente su aplicación de recursos teatrales y darle mayor realismo a sus relatos, el muy pobrecito!
Le gusta el público cautivo, no se siente incómodo de verme sentada frente a él, admirándolo; incluso sabe de las chicas que han pasado a nuestro lado que le han mirado con coquetería descarada y nada las detiene, camina a mi lado como si fuera un conocido o amigo que nos encontramos por la calle y estamos poniéndonos al tanto; peor aún si yo no le puedo reclamar o hacer una escenita de celos, pues le sentencié desde un principio que no somos nada, simplemente nos estábamos tratando (pero de llevármelo a la cama, al muy pobrecito!)… así que las zorras callejeras (porque estaban en la calle) no tenían ningún impedimento en alimentarle y engrosarle el ego.
La verdadera jugada sería saber si él se traga el cuento de que yo me trago sus cuentos con el solo fin de llevármelo a la cama; eso en realidad es muy fácil (el llevármelo a la cama), porque no conozco a un tipo que se nieguen ante tal petición y los que lo hacen son gays o están en proceso de asimilar la propuesta y aceptar, pero siempre caen. Y eso en pocas palabras, es aburrido; así que decidí llevármelo a la cama, haciéndole creer que es él quién me llevará, haciéndome pasar por la niña inocente que no se sabe el jueguito.
No sé que tan agudo sea el complejo de cazadores que tienen los hombres ante una mujer, ni cual sea el ímpetu de competencia entre ellos; lo que si sé y lo tengo ampliamente comprobado, es el afán de no dejar títere con cabeza, de engrosar la lista de cogidas sin compromiso y demostrar que son todos unos: todas-puedo o todas-mías.
Para que me hago la que no sabe, si así son las cosas; raras veces, muy rara veces, un hombre realmente se compromete y sólo vive y lo hace con una sola mujer, pero según se vea, bastará con darle tiempo para que caiga en la categoría de los indecisos que aún asimilan el proceso o en que salgan del clóset.
Y creo que debería sentirme mal, porque existe eso del karma, del que no hagas lo que no te gustaría que te hicieran y miles de limitantes sociales que están tan de moda hoy en día dentro de una sociedad algo decadente. Pero como que no le tomo tanta importancia, como para qué? Si de un modo u otro, siempre nos vemos con el fantasma de la promiscuidad de la pareja o la propia, o de menos, con la duda; y habrá quien no sepa justificar que la una no es tan grave como la otra, sino que la otra es lo que más duele y decepciona aunque sea verdad o mentira.
Porque además de todo, no cree que me doy cuenta de los mensajes que recibe y me oculta como si fueran las coordenadas del submarino que tiene que asaltar James Bond; de que evita el contacto estrecho conmigo para no terminar oliendo a perfume femenino, o de menos, que lo manche de maquillaje. Pero me hago la desentendida, la inocente o la pendeja, para que no se ofenda… el muy pobrecito!
Después de unas horas, de estar endulzándome el oído, ha decidido que la cita se dé por terminada, porque él tiene que irse y el camino le es largo; claro, yo tengo que arreglármelas para regresar a mi casa porque ni de chiste me acompañará. Queda en llamarme luego, aunque su luego sea de semanas o meses, según se le antoje o la otra de la otra y la otra o la buena tenga un compromiso y lo dejen solito. Pero ni me siento mal (de momento) porque igual y le ando marcando a mi ex, que seguro ya tendrá otra víctima de sus poesías y canciones de protesta, a ver si no se le antoja un café o el recuerdo de nuestros días pasados.
Así, ni el muy pobrecito ni yo, tenemos tiempo para tener de que platicar la próxima vez que nos veamos. Lo malo del asunto, es que no me puedo quitar de la mente su imagen y el antojo que le tengo. Ni modo, una también siente pero como debo ser una niña buena tengo que aguantarme y esperar a que el muy pobrecito se decida a pedirme que nos vayamos a un hotel de paso a pasarla de lujo (pero del dicho al hecho) y seguro tendré que cooperarle porque las otras y la buena, le recortan el efectivo para lucirse conmigo y comprar más condones, porque será todo lo que quieran pero es responsable con su sexualidad; que le vamos a hacer, el muy pobrecito se preocupa por todas!
Y algunas veces, me resulta aburrido, otras interesante, otras me fastidia y otras más, me harta o simplemente me excita, pero no puedo negar que esos zapatitos, para que estén debajo de mi cama.
Ya no sé si soy una mojigata, una sádica o una pendeja, por seguirle el juego, por jugar conmigo o pretender que aquí nadie sabe nada y seguimos con el jueguito; lo malo sería que yo fuese la buena, que él viva y se comprometa conmigo y no sea gay.
Peor aún, que sea él quien esté pensando en el altar y yo sólo en engrosar la lista y mi ego… el muy pobrecito!
perpetrado por Malayerba Dárgelos 0 buzón de quejas
contenido: perfume sádico, relato a la orden






